ArtesanÃas
Desde los primeros años de la colonia, la artesanÃa criolla o tÃpica del paÃs se ha distinguido por su calidad y definido estilo.
Casi como un reflejo de la gente que habita el paÃs, las obras que realizan los artesanos tienen como impronta la sencillez y las lÃneas puras, como lo demuestra una de las más tradicionales: la platerÃa.
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La PlaterÃa

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Don Pedro de Mendoza, el primer fundador de Buenos Aires, llegó a estas tierras buscando el imperio del Rey Blanco y la Sierra del Plata, un mundo de leyendas que narraban la existencia de un territorio repleto del brillante metal.
De ahà que bautizara al rÃo frente al que fundó la ciudad como RÃo de la Plata. Y que del nombre de ese metal derivara el del paÃs, Argentina (del latÃn “argentum”, plata), pese a no encontrarse aquà grandes yacimientos de plata.
A principios del siglo XVII se instaló en la pequeña aldea que era entonces la capital del paÃs, el primer platero.
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Su función, en principio, fue abastecer a las numerosas iglesias de la ciudad de objetos destinados al culto: coronas para las imágenes, cálices, relicarios y altares.
En un principio el estilo adoptado fue el mismo de lÃneas barrocas que se desarrolló en el Alto Perú y en el vecino Brasil, pero pronto nació otro de lÃneas más simples, con escasa ornamentación, que puede considerarse propio del paÃs.
Al adquirir la ganaderÃa un lugar importante dentro de la estructura económica nacional, los criadores de hacienda comenzaron a adornar los arneses de sus caballos con piezas de plata. Y también se fabricaron los “facones”, (cuchillo de grandes dimensiones que los gauchos llevaban cruzado en la cintura, y utilizaban tanto para las tareas campestres como para la comida y la defensa personal) con mangos y vainas delicadamente trabajados en plata. Los mangos de los rebenques también fueron cubiertos con ese metal.
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http://www.buenosairesplateria.com.ar/plateria_criolla.html
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Pero las piezas más tradicionales de la platerÃa criolla fueron y son los mates y bombillas de plata. Los hay enteramente de ese metal o calabazas vegetales con rebordes y pie trabajados en plata.
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La TalabarterÃa

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Tan tradicional como la platerÃa es el trabajo de trenzado en cuero. Una vez cuereado el vacuno o yeguarizo, se estaqueaba el cuero al sol hasta que se secaba y luego se ablandaba con golpes de puño o con un palo, para más tarde cortarlo en finas tiras con las que se realizaba el trenzado de arneses para los caballos, lazos, mangos de cuchillos, botones, y otros elementos relacionados con la vida gauchesca.
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La PedrerÃa
Los sacerdotes jesuitas que se instalaron en el norte del paÃs en tiempos de la colonia, descubrieron la riqueza de piedras semipreciosas existentes en la región.
“Se crÃan bajo la tierra” decÃan, por verlas muchas veces a flor del suelo. En las arenas del RÃo Paraná se pueden encontrar ágatas, que son cuarzos jaspeados de colores muy vivos. En las minas de la provincia de Misiones se extraen amatistas, de color violeta. Y en Córdoba y San Luis se localizaron yacimientos de cristal de roca, un cuarzo transparente y brillante.
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Rodocrosita     Onix
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La rodocrosita y el ónix, sin embargo, son las dos piedras más tÃpicas de la Argentina. La primera, compuesta por carbonato de manganeso, se presenta en masas veteadas con todas las tonalidades del rojo púrpura, con partes traslúcidas de brillo vÃtreo. Se la extrae en Catamarca y en La Rioja, la leyenda cuenta que los indios consideraban a esta piedra como un amuleto o talismán que atraÃa la buena suerte.
El ónix, que puede presentar tonalidades blancas, verde oscuro o azul, es un mármol que la mayor parte de las veces tiene un color verde claro con vetas en forma de nubes.
Se lo considera único en el mundo por su belleza y por ello es la piedra argentina que más se exporta a otros paises, fundamentalmente europeos. Se lo encuentra en San Luis, Córdoba, RÃo Negro y Salta.
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El Fileteado

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TÃpicamente porteña, o sea de la ciudad-puerto de Buenos Aires, es la tradición del fileteado. Con raÃces probables en los artesanos de origen italiano que llegaron al paÃs con las grandes corrientes inmigratorias, de fines del siglo pasado y principios de éste, el fileteado fue desarrollado en principio para decorar los carros tirados por caballos que poblaban la ciudad en aquel entonces.
Más tarde, y como parte del arte popular argentino, se lo trasladó a los camiones y ómnibus motorizados. En la actualidad existen pocos “fileteros”, como se denomina a los artesanos que realizan este trabajo, pero que conservan la técnica de los de antaño: sobre una superficie de color uniforme, distribuyen finas lÃneas formando figuras y volutas de diversos colores. En algunos casos, el fileteador es acompañado por una frase del refranero popular o por un retrato de algún Ãdolo popular, que muchas veces es el idolatrado cantante de tangos Carlos Gardel.
Para observación de lo aquà relatado, visitar Museo Fernández Blanco. Ver Sección Museos de Arte.
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La peleterÃa
Las grandes extensiones de campo poco explotado que existen aún en la Argentina, facilitan la supervivencia de una gran variedad de animales salvajes.
Los más usados para la peleterÃa son el zorro y la nutria. Del primero existen dos variedades, el gris, difundido en toda la República, y el colorado, que tiene su hábitat en la región cordillerana.
La nutria, por su parte, se reproduce en todo el territorio, en lugares cercanos a espejos de agua. Incluso pueden verse algunas en las costas del RÃo de la Plata en la misma ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, en la Reserva Biológica ubicada frente a la Costanera Sur de la Capital.
Los visones, pese a no ser originarios del continente americano, también se han aclimatado al paÃs. Hace algunos años, unos pocos ejemplares escaparon de un criadero ubicado en la Patagonia y se dispersaron por la región. Gracias a su adaptabilidad y tasa de reproducción, hoy se considera la posibilidad de declararlo plaga por estar desplazando a las especies nativas.
También chulengos y guanacos se utilizan en la confección de abrigos de piel. Los segundos, especialmente, para realizar mantas. El zorrino, la vizcacha y la comadreja, cuya caza se encuentra restringida por razones ecológicas, también tienen por destino muchas veces la confección de abrigos.
En el caso del gato montés y el gato de los pajonales, ambos también salvajes, su captura está absolutamente prohibida por ser especies en vÃas de extinción.
Por esa misma razón de preservación ecológica, los peleteros argentinos prefieren proveerse de cueros adquiriéndolos en criaderos antes que a cazadores. Además, recalcan los especialistas, las pieles provenientes de criaderos tienen mayor calidad debido a la alimentación y cuidados que reciben los animales.
La confección y diseño de prendas ha alcanzado en Argentina un nivel internacional, asà como los procesos de curtina.
Gran parte de la producción se exporta a los Estados Unidos, Canadá, Japón y Europa.
Lo que resulta muy importante es que tengan en cuenta que en el paÃs existen peleterÃas que tienen redes de distribución internacionales, por lo que puede hacerse cargo de la cobertura de cualquier tipo de garantÃa sobre la prenda, en cualquier lugar del mundo.
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La lana y la ropa de cuero

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