Ubicación y Ambiente FÃsico
Se encuentra sobre la RN 20.
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Quebrada del Cóndorito, vista desde la RP 20
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El área del Parque Nacional comprende parte de la Pampa de Achala y quebradas que descienden de ella hacia el Este. Se encuentra ubicada en el cordón de las Sierras Grandes. La Pampa de Achala es una altiplanicie extendida entre 1900 y 2300 m de altitud, no es una “pampa” en sentido estricto, sino en relación a los territorios escarpados que la rodean.
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Los proyectos Parque Nacional Quebrada del Condorito y Reserva Provincial de Pampa de Achala protejen ambientes, plantas y animales únicos de las Sierras de Córdoba. Las 40.000 ha del Parque Nacional abarcan imponentes quebradas como El Condorito, Batán, del Sur, Corralejo y Yatán, a su alrededor, envolviéndolo, se extienden las 150.000 ha de la Reserva Provincial.
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Ambos conservan asà una porción importante de la Pampa de Achala y dos cerros agrestes, el de Los Gigantes al Norte y Champaquà al Sur. El Parque Nacional del Condorito está situado al sur de la ruta que une Mina Clavero con Villa Carlos Paz, a 100 km de la ciudad de Córdoba en Argentina. Su fauna es un verdadero mosaico de especies, en su mayorÃa ligadas con la región andina.
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Condor en pleno vuelo
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El clima es templado-frÃo con una temperatura media anual de aproximadamente 8° C, con mÃnimas absolutas de hasta -15° C. Las lluvias caen principalmente entre octubre y abril mientras en el invierno y comienzos de primavera suelen ocurrir algunas nevadas; siendo frecuentes las nieblas y neblinas que constituyen un aporte adicional de agua. Consecuentemente, esto determina que toda la Pampa de Achala constituya un área de captación de precipitaciones, nucleando numerosas cabeceras de Cuenca.
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Mapa rutero y turÃstico de las Sierras de Córdoba
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CaracterÃsticas GeneralesÂ
La Quebrada Los Condoritos es una gigantesca grieta que algún milenario cataclismo produjo en la ladera oriental de la Pampa de Achala. Imaginemos una ciclópea “V” corta, de 800 m de profundidad y 1.500 m de separación en la parte superior de sus paredes.
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Tendremos ante nosotros un paisaje difÃcil de imaginar. Enormes bosques de piedra se habran sumergido en el abismo y dejado su lugar a paredes verticales y desnudas, imposibles de escalar.
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En los espacios donde los desprendimientos han sido menos violentos, Tabaquillos y Maitenes tapizan las paredes humedesidas por las frecuentes neblillas y las vertientes o chorrillos que desde lo alto de la Pampa buscan llegar al RÃo Condoritos que rumoroso se despeña al fondo de la quebrada.
Una belleza natural y un escenario imponente llena de emoción al visitante que logra instalarse en “El Balcón”, de la ladera sur.
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Y a los pocos minutos que allà estemos, extasiados por la majestuosidad del paisaje; aparecerá su legitimo y legendario dueño: El Cóndor. Con sus alas desplegadas al máximo, casi seguro que un Condorito será el primero en sobrevolarnos a 50 m de distancia.
Su color marrón y la prolijidad del juvenil plumaje nos indican que el nombre que la Quebrada lleva es bien merecido “Los Condoritos” por ser un verdadero criadero de estas especies que se encuentran en receso en toda la América del Sur y que en este lugar está refugiada y en franca expanción apartir de las medidas de protección que sobre ella se desarrollan. Al poco rato y tal vez garantizada su tranquilidad por las imprudentes incurciones de los juveniles apareceran majestuosos los adultos.
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El penacho que adorna la cabeza de los machos es fácilmente distinguible a los 10 m que comenzarán a pasar en lentos vuelos, con sus patas colgando a fin de ofrecer mayor resistencia al aire y poder regular a gusto la velocidad. Y si ponemos la nesesaria atención podremos advertir la falta de copete y el vivaz rojo del ojo de las hembras.
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Si la suerte está de nuestro lado, podremos ver hasta una treintena de ellos que regocijantes se bañan en el único “baño” conocido para la especie en un espectáculo no imaginado ni por los más expertos especialistas del mundo.
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Una verdadera sifonÃa de imagenes desarrollarán ante nuestros ojos, si deciden venir todos juntos a saludar nuestra presencia, y si asà fuera, quedarémos extaciados por la armonÃa del vuelo de las aves más grandes que lo hacen en la tierra.
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