Turísmo Cultural Estancias Jesuíticas

Córdoba Turismo Cultural, estancias jesuíticas

 

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Itinerario Jesuitico de Córdoba

 

Destacados aportes a diversos campos del arte señalan la importancia de Córdoba en el panorama cultural argentino.

Desde tiempos históricos este territorio se destacó por sus actividades culturales, testigo de ello es el sitio arqueológico prehispánico más destacado de la Argentina: el Cerro Colorado.

Córdoba está rodeada por una naturaleza deslumbrante y salpicada de elementos culturales que han merecido el reconocimiento internacional de UNESCO: las Estancias Jesuíticas de Santa Catalina, Jesús María, Caroya, Alta Gracia y La Candelaria.

De todo este conjunto es de destacar la línea que une a la capital con Santa Catalina, el primer tramo del Camino Real, el sendero que transitaban los conquistadores españoles para llevar mulas y tejidos desde Córdoba hasta las minas de Potosí, Perú. Quedó allí una extraña y fascinante fusión de cultura y naturaleza, un perfecto encuentro que no deja de sorprender al visitante. En esta línea se pueden visitar las Estancias Jesuíticas Santa Catalina, Jesús María y Caroya.

Claro que se puede comenzar con un recorrido por la Manzana de las Luces, antes de salir de la urbe para comenzar a disfrutar la belleza natural de las sierras chicas, portadora de uno de los núcleos culturales más bellos de América Latina.

Esas estancias formaron parte de un gran proyecto de producción destinado a sostener las instituciones religiosas y educativas que fundó la Orden religiosa de los jesuitas en Córdoba. Distinguiéndose de las reducciones del Paraguay y el norte argentino, cuyo propósito era la reorganización social y educativa de los aborígenes, en las de Córdoba floreció la producción agrícola y vitivinícola, a la vez que se levantaban “algunas de las más bellas obras de arquitectura colonial del país”, como se asegura en la Guía de Arquitectura de Córdoba editada en 1996 por las ciudades de Córdoba y Sevilla.

 

En esa obra se explica que las estancias responden al tipo de conjunto monástico instaurado durante siglos en Europa y luego trasladado a América: una iglesia, cementerio contiguo, claustros para residencia de los monjes y para talleres y vivienda de indígenas. “Las emparenta el ingenio y la capacidad de sus autores para adaptar las soluciones europeas a las condiciones tecnológicas y ambientales locales, de lo que han resultado obras de gran originalidad” sostienen los autores Marina Waisman, Juana Bustamante y Gustavo Ceballos. “Pero quizás el efecto más impactante y sugestivo se produce cuando, al transitar por un camino despoblado se descubren de pronto, elevándose por sobre la salvaje vegetación, las esbeltas torres de Santa Catalina coronadas por germánicos cupulines acebollados. Se experimenta entonces el asombro ante la grandiosidad de la aventura de aquellos monjes y la locura de su empresa, se puede intuir la fe y la energía que debieron impulsarlos a crear civilización en medio del desierto. Santa Catalina, con su iglesia de origen sur alemán y sus claustros italianos, con sus talleres en ruda mampostería de piedra, es sin dudas una de las más valiosas joyas de la arquitectura colonial de este país”.

Los testimonios de la acción de la Compañía de Jesús en la provincia ocupan un lugar de privilegio. En el lapso de tiempo comprendido entre 1599(año de arribo de la orden a nuestro territorio) y 1767 (año de expulsión de la orden), se estableció un sistema cultural-social, religioso, económico y territorial de la provincia.

Dado el carácter único y relevante a nivel internacional, la UNESCO ha incluido el “Camino de las Estancias Jesuíticas” y “La Manzana Jesuítica” en la Lista de Patrimonio de la Humanidad. Es la ocasión de descubrir paisajes, tradiciones y costumbres que marcan la identidad de Córdoba cultural y turística.

 

punto17Estancia Jesuítica Alta Gracia

 

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Estancia Jesuítica Alta Gracia

 

Esta estancia data de 1643. Ahora es la iglesia parroquial de la ciudad y en la residencia funciona el Museo Nacional “Casa del Virrey Liniers”. Se destaca el famoso tajamar. Tuvo producción textil, aunque la agricultura y la ganadería hayan sido la especialidad de la casa. Incluye una iglesia con fachada barroca, residencia con sus patios y locales anexos, el obraje, ruinas del molino, horno y acequias. Se ubica en e corazón de la ciudad, a 36 kilómetros de Córdoba por la ruta provincial Nº 5.

El núcleo de la antigua estancia jesuítica ha quedado en este caso, a diferencia de otros, inmerso en la ciudad que nació precisamente a partir de dicho establecimiento. La iglesia preside la plaza central de la ciudad, y a su costado la residencia es hoy museo del mayor interés arquitectónico e histórico. En una de las calles laterales, el antiguo obraje es sede de un colegio. También existe aún el tajamar, complemento obligado de estos establecimientos.

La iglesia constituye un caso atípico en el país: en primer término por su fachada sin torres, con su perfil compuesto por curvas interrumpidas una y otra vez, que hacen pensar en un barroco italiano tardío, y el reflejo de este perfil en una elegante forma del atrio; en segunda lugar, y esto es bastante insólito en toda la América hispánica, por las características del crucero, que se forma por un ensanchamiento de la nave central, aproximando así la planta a un esquema oval y, además, mostrando al exterior un volumen limitado por planos suavemente curvados, en lugar de la usual terminación plana. La cúpula que se eleva sobre este seudo - crucero no es muy peraltada, y acompaña de ese modo a la delicadeza general del diseño volumétrico. Podría decirse que la gracia es la característica dominante de Alta Gracia.

 

El interior de la iglesia muestra una estructura espacial bien definida por las fuertes cornisas, la molduración muy precisa del arranque de la bóveda y el atisbo de planos curvos, una vez más, que dirigen el espacio hacia el altar central. La decoración, de épocas bastante recientes, no es adecuada para acompañar estos valores.

La residencia, que se desarrolla en L, posee un gracioso portal exterior y una elegante escalinata central -que ha perdido mucha de su gracia por una restauración demasiado rígida-, acompañada de un coronamiento que marca dicho acceso. Las galerías, cubiertas con bóvedas por arista, se abren a salas también abovedadas. En la parte posterior del predio se encuentra el patio de labor, donde se ha restaurado el rústico ambiente de la cocina

 

punto17Estancia Jesuítica Jesús María

 

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Estancia Jesuítica Jesus María

 

La Estancia Jesús María data de 1618, siendo el segundo núcleo del sistema productivo organizado por la Compañía de Jesús. Implantó la vitivinicultura en estas tierras de tal manera que aún hoy la zona se caracteriza por sus bodegas, logrando vinos con personalidad propia. El lugar incluye la iglesia, la residencia y la bodega, los restos de los antiguos molinos, el perchel y el tajamar. La iglesia, de nave única abovedada posee un exterior bellamente sobrio, con una destacada cúpula central, ornamentada con interesantes relieves, y con una elegante espadaña de piedra que puede admirarse junto a la sacristía. Además del templo hay una residencia cuyo patio principal se encuentra bordeado por dos galerías de planta baja y alta, con entrepiso de bóvedas y techo superior de cabreadas. Actualmente es el edificio portador del Museo Nacional que permite admirar distintas colecciones de elementos de época, documentos y objetos artísticos. Para llegar se deben transitar 48 kilómetros al norte de Córdoba, por la Ruta 9 N.

El conjunto se presenta como un texto complejo formado por dos unidades existentes y otras dos ya desaparecidas: aquellas son el templo y la antigua residencia - obraje; las partes desaparecidas correspondían a las habitaciones de indios y esclavos, formados por verdaderos pueblos indígenas, y por último los campos de cultivo y pastoreo. Esta estancia se caracterizó por la producción vitivinícola, que alcanzó un alto grado de desarrollo y calidad, y que se ha prolongado en el tiempo, constituyendo una característica de la zona. El esquema de ordenamiento espacial responde al usual tipo de las estancias jesuíticas cordobesas -el templo y el patio rodeado de galerías, en este caso, en dos de sus lados solamente-. 

Estas galerías, de planta baja y alta, están cubiertas con las técnicas usuales -entrepiso de bóvedas, techo superior de cabriadas-. Se comprende que no ocupen el tercer lado, pues éste corresponde a zonas de trabajo y no de residencia. En la iglesia, de una nave y acusado crucero, contrasta el bello trabajo de relieves de¡ interior de la cúpula y de sus pechinas, la bien resuelta cúpula, la elegante espadaña extrañamente colocada en diagonal junto a la sacristía, con la pobre fachada, de proporciones poco felices y una ingeniosidad no muy graciosa. La restauración efectuada hacia la década del “50 tampoco fue muy feliz. 

Se señala sobre todo el tratamiento de los muros exteriores y la pintura -brillante y oscura- de los elementos estructurales de madera, amén de las especies exóticas introducidas en el parque.

El interesantísimo museo permite, además de admirar la gran colección de objetos artísticos y documentos de época, conocer modos de producción y formas de vida propias de la estancia original. 

 

punto17Estancia Jesuítica Santa Catalina

 

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Estancia Jesuítica Santa Catalina

 

Santa Catalina fue fundada en 1622, en el mismo año que la actual Universidad Nacional de Córdoba, y es la más grande de todas las estancias jesuíticas declaradas Patrimonio Cultural de la Humanidad. Tuvo miles de cabezas de ganado vacuno, ovino y mular además de su producción textil y del obraje de herrería, carpintería y sus dos molinos. Comprende una iglesia de imponente fachada barroca, una residencia con tres patios y locales anexos, las ruinas del noviciado, la ranchería con habitaciones para esclavos, el tajamar alimentado por aguas subterráneas provenientes de Ongamira, y restos de acequias y molinos. Es sin dudas la obra más impresionante de que nos han dejado los jesuitas radicados en estas tierras en 1599, y que fueron expulsados en 1767. Para llegar hay que transitar 13 kilómetros de camino de tierra desde la ruta que une Jesús María con Ascochinga.

El núcleo de la Estancia de Santa Catalina, formado por la iglesia y un conjunto de claustros, constituye una de las más valiosas obras de la arquitectura colonial en el país. Al igual que otros establecimientos de este tipo, estaba destinado a sostener las empresas intelectuales y espirituales de la Compañía de Jesús en Córdoba.

En la construcción de estas obras intervenían indistintamente los arquitectos de la Orden que actuaban en el país, y que eran enviados por la superioridad a trabajar donde su presencia era requerida. De ahí que en ocasiones, como ocurre con Santa Catalina, sea difícil establecer la autoría de la obra, aunque se note en ella la diversidad de la procedencia de los arquitectos: la fachada de la iglesia, con sus altas torres rematadas en cúpulas de graciosas curvas, y su portada en la que se nota la intención de ondular el muro, denota la presencia de un arquitecto germánico, que habría aportado ecos del Barroco suralemán; el patio principal , por el contrario, es de un seco manierismo italiano. En él se nucleaban las actividades de mayor jerarquía, en tanto que otros patios, de di- seño arquitectónico más modesto, correspondían a funciones de trabajo manual y depósitos. Uno de ellos está rodeado por una galería con pilares y zapatas de madera, y otro, más alejado, muestra sus bóvedas sin revocar y estaba destinado a viviendas de esclavos, denominándose la ranchería. No falta, junto a la iglesia, el cementerio, también dotado de una rica portada.

La iglesia, de armoniosas proporciones interiores, tiene una sola nave que culmina en una cúpula sobre el crucero, la que, a su vez, está coronada por una linterna de planta ricamente curvada.

Este espléndido conjunto se halla situado en un paraje casi salvaje, alejado algunos kilómetros de las rutas principales, y su majestuosa presencia cobra así, desde que comienzan a divisarse sus torres desde la maleza hasta que se lo descubre en toda su elegancia, un significado muy particular, pues de algún modo parece representar el sentido de la epopeya civilizadora de los siglos XVII y XVIII.

 

 

punto17Estancia Jesuítica La Candelaria

 

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Estancia Jesuítica de La Candelaria

 

Se organizó en 1683. Tiene una capilla, la residencia y los locales anexos, ruinas de una ranchería, corrales, restos del tajamar, molino y acequias. Su tipología la ubica entre medio de un fortín y una residencia con santuario. Está a 220 kilómetros de la ciudad por la Ruta Nacional Nº 38 y a 73 kilómetros de Cruz del Eje.

 

Escondida en un valle del norte de las Sierras Grandes, a 1200 metros de altura y a 150 metros de la ciudad de Córdoba, en el departamento de Cruz del Eje, se encuentra la Estancia Jesuítica de la Candelaria. La Estancia tiene por origen la merced de tierras que a comienzos del siglo XVII obtiene el capitan García de Vera y Mujica a orillas del Río Guamanes (hoy Río de La Candelaria).

La propiedad es donada por su hijo a los Padres de la Compañía de Jesús, quienes toman posesión de ella en 1683. A partir de entonces, la orden adquiere tierras colindantes hasta conformar una propiedad de 300.000 hectáreas que se extiende desde la Cumbre de Achala hasta los baños de Soto.

La estancia es llamada La Candelaria en homenaje a la Virgen de las Candelas, cuya fiesta se conmemora el dos de febrero de cada año. En el establecimiento los Padres jesuitas aplican su experiencia organizativa: desarrollan y equipan un gran centro ganadero, especializado en la cría e invernada de mulares. Mayordomos y encargados atienden sus numerosos puestos y rodeos donde también se multiplican el ganado vacuno, caballar, ovino y caprino.

En los alrededores del casco de la Estancia, una huerta de frutales, otra de hortalizas y chacras de maíz y de trigo proveen a sus habitantes. Como en los otros establecimientos rurales de la compañía, la mano de obra es provista por esclavos negros, ocupados en las actividades rurales y en cubrir las necesidades cotidianas de la Estancia. De allí que también haya construcciones dedicadas a la herrería, carpintería y un obraje para elaboración de textiles. El casco de la Estancia alberga una hermosa iglesia para el culto, la residencia de los Padres y la ranchería donde vivían los esclavos. En sus alrededores, las obras de ingeniería hidráulica conforman un conjunto de tajamar, acequias, molinos, batán y perchel.

El conjunto arquitectónico posee en general un aspecto cerrado, organizado en torno a un patio central rectangular, uno de cuyos lados es la capilla; a él se accede por un portón lateral ubicado sobre el atrio. La capilla se destaca por su altura y fachada encalada; posee una planta rectangular y un retablo de mampostería. Dos sacristías se ubican a su costado. La fachada se compone de una puerta central contenida en un arco rehundido, coronado por un frontis triangular. En él se apoya una elegante espadaña de tres aberturas dispuestas en dos niveles que contienen las campanas. Un perfil de líneas curvas define la composición y da identidad al lugar. Los muros son de piedra, y las cubiertas se realizan con tirantes de maderas de algarrobo, cañas atadas con tientos de cuero crudos, tejuelas y tejas españolas.

Complementan el legado colonial un conjunto de imágenes religiosas, sagrario, frontal de altar, ropa, litúrgica, objeto de culto y ornamentos. La Estancia Jesuítica de La Candelaria es uno de los conjuntos mas originales de El Camino de Las Estancias. Propiedad de Gobierno de La Provincia de Córdoba, en los dos últimos años ha comenzado a ser restaurada. Un equipo interdisciplinario de especialistas conformado por profesionales de la Dirección del Patrimonio Cultural, está dirigiendo las obras y su puesta en valor. La Declaración de Patrimonio de la Humanidad, otorgado por la UNESCO, nos invita a todos a disfrutarla.

 

punto17Estancia Jesuítica Colonia Caroya

 

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Estancia Jesuítica Colonia Caroya

 

Estancia Caroya fue creada en 1616. Desde 1854 la propiedad fue del gobierno nacional. En el primer período fue una casa de vacaciones para los alumnos del Colegio de Monserrat, de Córdoba, muchos de los cuales provenían de los actuales países vecinos de Argentina atraídos por la ya prestigiosa Universidad de Córdoba. Posteriormente, la casa se convirtió en Fábrica de Armas Blancas de la Guerra de la Independencia (1814-1816) y Posta del camino Real para el ejército del Norte. Finalmente, el gobierno nacional a partir de 1878, dispuso que la antigua estancia sirviera de asentamiento a una colonia agrícola. Actualmente se ha instalado allí el Museo del Inmigrante, pero también da testimonio de la fábrica de armas. La Casa mantiene una estructura colonial con su gran patio central rodeado de arquería. A él se penetra, ya sea por una entrada lateral para carruajes, o por una especie de ” patio de honor”, sobre elevado con dos cuerpos salientes que lo enmarcan.

Una construcción que data en su mayor parte del siglo XVIII materializa la rica historia de unas tierras que, desde su primera mención en 1574, al ser acordada a uno de los capitanes de la Conquista, Don Bartolomé Jaimes, pertenecerán a diversas familias, hasta pasar a propiedad de la Companía de Jesús en 1616, y por fin, en 1661 al Presbítero Ignacio Duarte y Quirós, fundador del Colegio Convictorio de Nuestra Señora de Monserrat. Volverá a manos de la Orden Jesuítica y luego de su entrañamiento a diversas órdenes religiosas, al gobierno nacional, desde 1854.

Pero, junto a esta historia está la de la serie de interesantes destinos que tuvo la Casa: en el período colonial sirvió como casa de vacaciones para los alumnos del Colegio de Monserrat, que venían en muchos casos desde lo que hoy son países vecinos, atraídos por el prestigio de la Universidad cordobesa. En el momento de la Independencia, la Casa se convertirá en fábrica de armas blancas (1814- 1816) y Posta del Camino Real para el Ejécito del Norte.

Por último, cuando comienza el proceso de asentamiento de inmigrantes en la provincia, Avellaneda - antiguo veraneante de Caroya- dispone que la antigua estancia sirva de asentamiento a una colonia agrícola, lo que se cumplirá en 1878. Recientemente, por acción de la Dirección de Patrimonio Cultural de la Provincia, se ha restaurado y comenzado la instalación de un Museo del Inmigrante. La Casa mantiene una estructura colonial con su gran patio central rodeado de arquería. A él se penetra, ya sea por una entrada lateral para carruajes, o por una especie de ” patio de honor”, sobre elevado con dos cuerpos salientes que lo enmarcan.

Uno de ellos está formado por la capilla, único remanente del siglo XVII (reconstruído en gran parte), y el otro por un cuerpo de dos pisos con terraza en la parte delantera, con razgos ya claramente pos-coloniales, pero no son estos los únicos pues los arcos rebajados, y la terminación superior tanto de este cuerpo como de todo el perímetro del gran patio, acusa el alejamiento del lenguaje colonial, con su balaustrada corrida, ingeniosamente construída con ladrilos puestos en diversas posiciones, seguramente a falta de las habituales columnillas cerámicas. La construcción se hizo con materiales locales - piedra de cantería, vigas de algarrobo, tejas musleras-. Las cubiertas están sostenidas, salvo en una sala abovedada, por cabriadas de par y nudillo.

 

punto17Manzana Jesuítica de la Compañía de Jesús

 

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Compañia de Jesus

 

La manzana que primitivamente había sido señalada para convento de monjas o recogimiento de doncellas , fue adjudicada por el Cabildo a los padres de la Compañía de Jesús en 1599, en reemplazo de otra que tenían asignada, y para que se instalasen en ella. En dichos terrenos había sido construída por 1569 la ermita de los santos mártires Tiburcio y Valeriano, que también les fue adjudicada.

 

Para 1613, los jesuitas trasladan a dicho sitio la escuela de primeras letras, el noviciado y el convictorio o seminario. Por aquella época, también, habían ampliado su posesión al haber recibido en donación dos nuevas parcelas de la manzana contigua hacia el sur, en una de las cuales tenían la ranchería de los esclavos.

Con posterioridad recibieron en donación y en esta misma manzana, nuevas parcelas.

Ya para esa época habían fundado el Colegio Máximo, el que habría de ser la base de la Universidad, mientras que en 1782 el Real Convictorio de Nuestra Señora de Monserrat pasó a ocupar la parte sur del antiguo Colegio Máximo.

Con el paso del tiempo la imagen y ocupación de la manzana se fue transformando, quedando en parte -sobre calle Obispo Trejo- lo que fue de esta histórica propiedad jesuítica.

Actualmente junto a la Iglesia de la Companía tiene su sede el Rectorado de la Universidad Nacional, funcionan allí mismo la Biblioteca Mayor y la Facultad de Abogacía; a continuación y en la esquina con Duarte Quirós -calle que antiguamente no estaba abierta continuando las dependencias sobre su actual trazado- tiene su sede el Colegio Nacional de Monserrat. Sobre Caseros -hacia el otro lado de la iglesia- está la casa de los jesuitas, en cuyo ingreso se encuentra la Capilla Doméstica, pequeña construcción de características similares a la iglesia de la esquina. Ya sobre la avenida Vélez Sarsfield, ocupan el resto de la propiedad otras dependencias de la Universidad Nacional de Córdoba, como la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales y tiene su sede la Academia de Ciencias.

No podríamos calificar de otro modo más que de ecléctica a la imagen actual de este conjunto de construcciones de distintas épocas y con valores desequilibrados y disímiles, todo lo cual impide una lectura y comprensión global del mismo. La volumetría de la iglesia y la fachada del Colegio de Monserrat son los ejemplos de mayor atracción y significación, mientras que como imagen ambiental, la calle Caseros -accediendo en cualquiera de los dos sentidos- ofrece una extraordinaria vista de los volúmenes pétreos de esa preciada construcción que es la iglesia de la Companía; mientras que la calle Obispo Trejo -gracias a la reciente intervención en el área central- ofrece otro rico episodio aunque no tan cargado de importantes valores arquitectónicos, pero con la vida y fuerza que le transmiten los jóvenes universitarios que por allí circulan y se detienen a lo largo de todo el día, constituyendo un sector peatonal con vida y movimiento propio.

 

En general

Todas estas estancias están rodeas con la infraestructura necesaria para hacer una inolvidable visita. En varias se puede apreciar el turismo rural apegado a la cultura local, incluso con opciones de hospedaje dentro de los mismos predios originales donde fueron fundadas, como es el caso de Santa Catalina,  La Candelaria o Alta Gracia.

 

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Mapa rutero y turístico de las Sierras de Córdoba

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