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Asentado sobre el cratógeno de Patagonia, que aflora en algunos sectores, el territorio provincial sufrió una complicada historia geológica, con procesos epirogénicos de ascenso y descenso, seguido de trasgresiones y regresiones marinas las cuales dejaron abundante sedimentación.
A fines de la era Secundaria y acompañando la actividad volcánica, se levantó el plegamiento de los Patagónides, formado en un geosinclinal de limitadas dimensiones al oeste del Chubut, que serÃa un movimiento precursor del accidente más notorio de la provincia y el paÃs, el plegamiento andino del Terciario, aunque es de destacar que la génesis y las caracterÃsticas estructurales de los Andes Patagónicos son disÃmiles a las de los Andes Centrales.
Aquà destacamos solamente sus consecuencias morfológicas: la principal de ellas, la ausencia de un encadenamiento uniforme, al no haber existido un solo plegamiento. Los movimientos andinos, por otra parte, provocaron fallas que dislocaron y dividieron en bloques la áreas montañosas. Algunos de ellos ascendieron, conformando los cordones serranos, y otros se hundieron, dando lugar a depresiones que serÃan ocupadas mas tarde por grandes masas de hielo durante la glaciación pleistocénica.
Ésta en su momento de mayor extensión cubrÃa todo el eje cordillerano y parte de las mesetas. Al retirarse dejó como testimonio de su paso los grandes lagos cordilleranos. Simultáneamente el oeste de la provincia también sufrió el mencionado proceso de fracturas, dislocamientos, elevaciones y descensos diferenciados, llegando asà a lo que consideramos los caracteres tÃpicos del relieve patagónico, es decir mesetas y sierras -o sea las áreas elevadas- alternadas con bajos y cuencas lacustres -los relieves hundidos-, a los que habrÃa que agregar las escotaduras de bordes redondeados que forman los golfos del litoral Atlántico.
A estos efectos, puramente tectónicos se superponen los derivados de la acción fluvial -valles y cañadones- y eólica -lagunas de deflación-. Sobre este relieve se expandieron durante el terciario extensas coladas de basalto, mientras continuó el proceso epirogénico de avances y retrocesos marinos. Como se puede apreciar, la complejidad es una constante en el relieve patagónico.
Tratando de sistematizarlo podemos analizar solamente sus grandes unidades morfológicas, comenzamos por la más destacada, aunque de menor extensión, la cordillera de los Andes, esta se extiende a lo largo de toda la frontera con Chile pero sin formar una lÃnea continua; incluye cordones trasversales y sierras bajas. Sus cordones y macizos se hallan separados por valles transversales, orientados de este a oeste, donde se alojan lagos glaciarios y valles fluviales.
Las formas de las montañas andinas son del tipo alpino, con cumbres de aristas agudas y abundancia de nieve; con presencia de vegetación boscosa que rodea los abundantes lagos, rÃos y riachos.
El lÃmite inferior de la nieve permanente se encuentra hacia los 2000 m, siendo ésta por otra parte la altura media de los cordones (la máxima altura provincial se encuentra en el cerro Dos Picos, de 2.515 m, al oeste del lago Cholila). Como se puede deducir, la cordillera andina es baja en el tramo chubutense, pero resulta suficiente para provocar una clara división climática.
En efecto, los vientos del oeste, provenientes del anticiclón del PacÃfico y cargados de humedad, precipitan copiosamente en la parte occidental de los andes, pero se desecan con rapidez hacia el este, por lo que es de aclarar que los caracteres antes señalados referentes a la densa red fluviolacustre y su paralelo estrato arbóreo, corresponden sólo a los sectores de la cordillera que llevan las más altas cumbres.
Es decir que cuando éstas se desplazan hacia territorio chileno, al sur del paralelo 45°, prácticamente no encontramos bosque, como tampoco lo encontramos en los cordones más orientales, ya en contacto con el siguiente sistema montañoso, el de los Patagónides, confundiéndose prácticamente ambos sistemas por su similar morfologÃa, es decir elevaciones bajas y de bordes redondeados, aunque las alturas de los Patagónides son aún de más modestas proporciones asomando, en su altura media, unos 330 m sobre el nivel de las mesetas.
En algunos casos, donde aparecen grupos de rocas resistentes, la erosión ha labrado cerros de cuestas abruptas, destacándose también los morros aislados.
Los Patagónides se desarrollan en dirección norte-sur, separados del sistema andino por los valles de los rÃos Chico-Chubut, Languiñeo, Genoa y Senguer. Tienen su lÃmite austral en el codo de este último presentándose algunas alturas de menor entidad en medio de las mesetas formando con ellas prácticamente una unidad paisajÃstica, dada la aridez reinante en todos los casos, traducida en una escasa vegetación xerófila.
Dicha unidad esta dada paradójicamente, por la gran diversidad integrada que presenta el ambiente extra-andino; en efecto, las llamadas mesetas patagónicas son una intrincada mezcla de mesetas, terrazas, cañadones, valles, depresiones, bajos, sierras, salinas y lagunas.
La enumeración prolija de cada uno de estos relieves serÃa fatigosa, siendo de mayor interés apuntar sus caracterÃsticas generales. Las mesetas se escalonan con un ascenso general de este a oeste; aquellas cuya superficie elevada es una planicie, son denominadas pampas, existiendo otras erizadas de pequeños cerros y lomas.
Las superficies suelen estar cubiertas por mantos de basaltos, surgido en efusiones terciarias y cuartarias, o por los rodados patagónicos, cuyo origen -glacial, fluvioglacial y aun marino- está todavÃa en discusión. Estos rodados aparecen también en los distintos ambientes extra-andinos, como los valles que surcan y seccionan las mesetas en su avance hacia el Atlántico.
Hacia los valles o hacia los bajos descienden los cañadones, valles generalmente secos que corresponden a afluentes temporarios o a rÃos hoy desaparecidos, que existieron en épocas de clima más húmedo. Las áreas deprimidas, de las más variadas formas y tamaños, están ocupadas en algunos casos por salinas, en otros por lagunas temporarias.
El más extenso de los bajos, el de Sarmiento, aloja a los mayores lagos de la Patagonia extra-andina, alimentados por los caudales que aporta el rÃo Senguer. De origen claramente tectónico y de mayor profundidad es el Musters; el Colhué Huapi parece combinar la deflación con el fallamiento.
Todo este conjunto degrada hacia el Atlántico, donde termina en una costa abrupta cuando las mesetas caen a pico formando acantilados que pueden superar los 150 m de altura, alternándose con sectores con playas. Nuestra costa chubutense, presentar el accidente más recortado de nuestro litoral marÃtimo, la PenÃnsula Valdés, declarada “Patrimonio Natural de la Humanidad” por la UNESCO”.
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